Ya somos sommeliers!

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A principios de año hicimos un breve resumen de nuestras actividades del té, entre ellas fue acabar el curso de sommeliers. Por acá les dejaré un poco más de la experiencia (este post va solo de mi lado (Miros), y tal vez más adelante veamos la parte complementaria de cómo Cohen vivió este periodo).

La primer clase a la que asistí fue un completo desastre porque no entendía lo que tenía que captar y menos si la introducción es con un té blanco (que se caracterizan por su sutileza). Ver como todos mis compañeros daban descriptores del té que para mi solo era algo que sabía un poco dulce me generaba bastante frustración. Obviamente no iba a renunciar al curso, no por el hecho de demostrar que sí podía y mucho menos para retarme a mi misma, no iba a renunciar por la simple razón de que ya había pagado el curso completo y me dolía el codo perder ese dinero. Por cuestiones de trabajo, solo pude asistir a la mitad del curso, pero tenía en casa a mi maestro particular, Cohen, que me ponía al tanto de todo lo que pasaba.

Fue un gran reto para mí poder llegar al final por mis ausencias y por la frustración que sentí a principio. Ahora puedo decir que sí se puede pero que cuesta trabajo y tiempo. El gran secreto de aprender cómo apreciar al té se resume en: estudiar un poco del té, beber mucho té y confiar en lo que te dice el cuerpo.

Ahora que terminó el curso no he sido tan constante como debería, pero sigo en el camino. Tomando té y tratando de ejercitar la memoria que tengo oxidada desde hace mucho tiempo. Siento que estoy descubriendo poco a poco lo que para mi significa el té y el por qué quier seguir en esto 🙂

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