Del gusto y algo más

sentidos

Si hiciera la pregunta ¿qué sentidos ocupas al tomar té? se que la respuesta clara sería que el gusto, pero algo increíble es que se pueden ocupar 4 de los 5 sentidos. A continuación el por que:

  • Tacto: cuando hacemos el té, no el de bolsita, tenemos que sentir la textura que tenga la hebra. Es curioso como algunos tienes textura suave, otros se sienten más secos y quebrados, otros son pequeños capullos enrrollados, pero cada té tiene una personalidad diferente.
  • Vista: junto con el tacto, es lo primero que usamos. El color de las hojas es un factor importante. No voy a decir nombres, pero hace poco compramos por internet un té que se veía muy opaco para la variante que era, y al prepararnos el té nos dimos cuenta que si se sentía viejo y el sabor no era correcto. Además la maceración nos tenía un color mucho más claro, en lugar de tomar esos tonos verdes que se esperaban se veía más amarillo. Estos datos son cosas que debemos memorizar para reconocer la calidad del té, con esa herramienta podemos evitar que nos den gato por liebre.
  • Olfato: es súper interesante como en el proceso de que las hojas están dormidas (antes de agregarle agua) huelen de una manera y al despertarlas (agregar un poco de agua y lavar las hojas) se perciben otros aromas que pueden ser reforzados al hacer el té o perderse completamente. Caso curioso, del que me gustaría hablar en otro post, es sobre como muchas veces pensamos que las cosas nos saben de cierta manera pero en realidad los aromas juegan con nuestra mente.
  • Gusto: el último escalón en el arte de la degustación, y es el que suele confundirnos más. La lengua tiene los receptor que detectan sabores: dulce, salado, ácido y amargo, también la lengua tiene receptores que la hacen sentir (tacto) cambios de temperatura o texturas, a esto tenemos agregamos el sentido del olfato ya que la boca está conectada al sistema respiratorio por la parte tracera de la garganta (a esto se le llama retrogusto, por si se quieren ver muy “acá” con el término). Así, la parte complicada del gusto es lograr diferenciar entre a qué sabe (dulce, ácido, salado y amargo), a qué huele (fresas, hierbas, fruta, flores, etc) y cómo se siente; todo esto en la boca y al mismo tiempo. El ejemplo más básico de esto es el café; en general tenemos registrado que el café “sabe” a café, cuando en realidad el café huele a café y tiene sabor ácido y amargo. Con el té pasa lo mismo, algunos podran “saber” a durazno, cuando en realidad saben dulce y huelen a durazno.

Esto enriquece un poco lo que vimos la semana pasada sobre poner atención sobre lo que bebemos. Y así, se abre un poco el panorama sobre cómo podemos entender un poco más la degustación; herramienta que podemos aplicar a todo y tenemos que practicarla todos los días.

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